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75°F / 24°C (Nubes Pasajeras. Templado.)
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Málaga es una ciudad llena de pasado, historia y tradición, además de ser la capital de la Costa del Sol. Cosmopolita y abierta al viajero, nunca te sentirás tan cerca de casa aunque estés bien lejos, porque en el sentir y en la idiosincrasia de los malagueños está profundamente arraigado el sentimiento de hospitalidad, vengas de donde vengas. De la variedad que ofrece esta ciudad de luz y arenas te damos sólo una muestra, porque es seguro que repites.
Los Montes
A esta hermosa zona se accede a través de la antigua carretera de Granada, y el camino no sólo va a ofrecerte magníficas vistas de la bahía en sus muchos miradores naturales, sino que tiene en sí mismo un interés gastronómico, antropológico e histórico que va más allá de la mera contemplación. Toda la carretera está salpicada de ventas -construcciones rústicas a modo de tabernas-, como el Boticario, los Tres Cincos, el Mirador o el Túnel. En ellas puedes degustar el típico vino de los Montes -dulce, seco o semidulce-, propio de toda la comarca, y atreverte con un buen plato, también de los Montes: carne de cerdo, huevo, chorizo, pimientos y patatas fritas.
En este paraje se encuentra enclavado el museo Antropológico -en pleno Parque Natural de las Contadoras-, donde puedes contemplar antiguas prensas de vinos, almazaras -para el aceite- y si vas en días de vendimia -con un poco de suerte- podrás participar de la pisa de la uva de la que luego se elabora el exquisito moscatel malagueño.
Corazón verde
Además del paseo del Parque, concebido inicialmente como jardín botánico y cuidado con esmero, en los alrededores de la capital se halla la finca de la Concepción, que actualmente pertenece al municipio, aunque en otro tiempo fue propiedad de un matrimonio de renombre: los marqueses de Loring. Es un jardín pintoresco, que te hará sentir tan pronto en un país tropical como en un árido paisaje. Guarda en su interior importantes y hermosas especies botánicas. El conjunto -jardines y casona- fue construido a mediados del siglo XIX y conserva vivo todo el encanto y el espíritu erudito de los que fueron sus propietarios.
Otro espacio digno de visitar es la Cónsula, enclavada en el término municipal de Churriana, en pleno Valle del Guadalhorce. Su construcción se inició en 1806 para el cónsul de Prusia. Su porche de columnas trae a la memoria el recuerdo del neoclasicismo doméstico, aunque su jardín y las especies que conserva son su mayor atractivo.
Y el Retiro: hacienda de recreo que acoge actualmente un parque ornitológico único en el continente que reúne más de 300 especies. Cuenta también con un jardín lleno de historia que se remonta a la Edad Media y llega hasta el siglo XVIII. Una auténtica belleza.
Málaga marinera
Toda Málaga es una playa interminable. Desde las playas de la Misericordia, que se extienden hasta el entorno del puerto, hasta las del Peñón del Cuervo, en el límite con la pedanía de la Cala del Moral. Camina por el paseo marítimo Antonio Machado y tómate algo en uno de sus muchos chiringuitos en la arena.
En Pedregalejo las calas están recogidas, como abrazadas por espigones de piedra natural. Las playas de El Palo son las más marineras, las que aún conservan el sabor y los olores del pescado y la imagen de los pescadores tendiendo sus redes y recogiendo las plateadas sardinas en sus calas. Barquitas de tonos azulados llenan el litoral en esta parte de la ciudad.
Descubrirás así un color diferente, una arena más oscura, pero siempre el mismo Mediterráneo. Y si quieres verlo todo desde muy alto, casi como un pájaro, sube hasta el castillo de Gibralfaro y quédate sin habla, porque el mar y el cielo se funden.
Museos y monumentos
En el casco antiguo se encuentran los principales museos: el de Arte Sacro o el municipal, que acoge muestras itinerantes de pintura, escultura y fotografía contemporáneas. Pero hay que remontarse unos siglos para visitar el museo Arqueológico de la Alcazaba y el teatro Romano, la catedral -a la que le falta una torre- o el palacio de la Aduana, junto al paseo del Parque.
De los símbolos de la ciudad, el más emblemático es "el Cenachero", un vendedor de pescado de comienzos del siglo XX, y el que le sigue, un buen plato de boquerones. Porque aquí el pescado también es monumental.
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